Desde los siete años, Raúl Ortiz entendió que el boxeo no solo se pelea en el ring, también se vive como una escuela de vida. Entre guantes, disciplina y esfuerzo, fue construyendo un camino que lo llevó a ser campeón nacional y, con el tiempo, a comprender que su verdadera misión iba más allá de ganar combates.

Nacido en Ibagué y formado en el deporte y en la academia, Raúl decidió devolverle al boxeo todo lo que alguna vez le dio. Se formó como licenciado en la Universidad del Tolima y asumió el legado de su padre, Ernesto Ortiz, quien por más de 50 años ha sido un pilar del boxeo en el departamento. No como una herencia obligada, sino como una convicción profunda: usar el deporte para transformar vidas.

Hoy, como entrenador y líder de la Liga de Boxeo del Tolima, ha llevado a sus deportistas a escenarios nacionales e internacionales, participando en Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales y torneos continentales. Pero para Raúl, las medallas no son el mayor triunfo.

Su mayor victoria está en cada niño y joven que encuentra en el boxeo una alternativa frente a los vicios, la violencia y el mal uso del tiempo libre. En cada entrenamiento se enseñan golpes, sí, pero también respeto, disciplina, perseverancia y propósito.

Quienes han crecido bajo su guía lo saben: Raúl Ortiz no solo forma boxeadores, forma personas. Y mientras haya un joven dispuesto a creer en sí mismo y a ponerse los guantes, él seguirá ahí, defendiendo el ring más importante de todos: el del futuro de la juventud tolimense.